Hace algo de tiempo que mantengo la discusión sobre el pago de impuestos en España, al haber visitado numerosos países, en ocasiones me doy cuenta de lo rentable que es trabajar en política en este país, ya que, con un nivel impositivo, que en ocasiones es mucho más parecido de lo que pensamos, los españoles tenemos menos ventajas que otros países europeos. Por eso considero muy interesante la lectura del siguiente artículo extraido de la web de menéame.
En España en realidad nunca hemos sabido con exactitud si pagábamos muchos o pocos impuestos porque sus cifras son "interpretables" de acuerdo con los intereses de quién las interpreta. Pero la aparición de un estudio de la consultoría Mercer -independiente políticamente y solvente desde el punto de vista técnico- nos permite concluir que a finales del 2007 España está más cerca de los países que pagan más impuestos sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) que del grupo de naciones que tienen sistemas fiscales más atractivos.
Mercer ha analizado en profundidad el régimen impositivo de 32 países, entre ellos España, y la conclusión es meridiana. No es el país peor tratado en el IRPF pero sí uno de los peores.
Emiratos Arabes Unidos y Rusia son los dos países con el plantel de impuestos más favorables, frente a Bélgica, Hungría y Dinamarca que ocupan las tres últimas plazas en este revelador ránking. En términos generales, los países europeos son menos atractivos fiscalmente (quizá porque su desarrollo económico está mucho más afianzado, en especial los que conforman la llamada "unión monetaria"). De este modo, el Reino Unido ocupa el puesto 14, seguido de Irlanda y detrás España en el puesto 19 y con Suiza en el número 21.
Un ejemplo claro para entendernos todos. En nuestro país y con la actual legislación, un profesional soltero con una retribución bruta anual de 62.000 euros se le retiene un 30,5% de su salario bruto frente al 5% de Emiratos Arabes Unidos o el 13% de Rusia. Un trabajador casado en España, según dicho informe, seguiría pagando un 30,5% de impuestos, pero su situación mejoraría en el caso de tener dos hijos, pues la tributación bajaría punto y medio para quedar en el 29%.
Luego vendría otro debate. Cómo se gasta ese dinero que mantiene a cinco administraciones distintas.
Por vez primera en nuestro historia fiscal, los españoles empiezan a perder el miedo al fisco, esto es, saben de sus derechos e inundan de quejas a la circunspecta administración de la Agencia Tributaria, por cierto manga por hombro y con sus profesionales en permanente huelga de brazos caídos ante la incompetencia de sus "comisarios" políticos.
Luego vendría la aportación global de las regiones entre sí.
Finalmente, me gustaría recalcar que en los países donde la imposición es de un 40% pagan menos impuestos indirectos que los españoles y no pagan otros impuestos como el de transmisiones patrimoniales o tienen un impuesto de sociedades mucho más bajo que el español.
En fin que uno a veces se pregunta dónde acabará este dinero....
14.4.09
8.4.09
Amílcar el olvidado
Amílcar Barca, o Barcas (de barqä, "rayo" en lengua púnica) (~270 a. C. - 228 a. C.) fue un estadista y general cartaginés. Fue el fundador de la dinastía de los Bárcidas, padre de Aníbal, Asdrúbal, Adonibal y Magón; así como el constructor de los famosos jardines de Amílcar, que se encontraban en Megara, en la periferia de Cartago.
Se distinguió durante la Primera Guerra Púnica en 247 a. C., cuando aseguró el dominio de Sicilia, que hasta entonces había estado siempre en manos de Roma. Desembarcó por sorpresa al noroeste de la isla, con una pequeña tropa de mercenarios y se hizo fuerte en el monte Heirktê (Monte Pellegrino, cerca de Palermo). No sólo mantuvo la posición ante todos los ataques, sino que llevó sus incursiones hasta la costa del sur de Italia.
En 244 a. C. trasladó a su ejército a una posición similar en las laderas del monte Eryx (Monte San Giuliano), desde donde podía apoyar a las guarniciones asediadas en la vecina ciudad de Drépano (Trapani). Tras la derrota cartaginesa en las islas Egadas en 241 a. C., la fuerza invicta de Amílcar pudo salir de Sicilia sin someterse.
Esta derrota, que se imputó a los generales aristócratas cartagineses, provocó un gran descontento; en especial entre los mercenarios que deseaban cobrar su paga, aunque también entre los campesinos libios y entre aquellos ciudadanos a los que la crisis marina afectaba de modo directo. Ello ocasionó la rebelión de los mercenarios, que inspiraría siglos más tarde al novelista francés Gustave Flaubert como tema central de su novela Salambó.
Los mercenarios, esclavos fugitivos y campesinos empobrecidos, dirigidos por el líder libio Matho, el galo Autarito y el esclavo campano Spendios, asediaron Cartago y se apoderaron de algunas otras ciudades como Útica y Bizerta. Amílcar consiguió sacar sus barcos del puerto y, con una campaña de hostigamiento, condujo a los rebeldes hasta un valle desierto (el desfiladero de Scia), en donde los exterminó con la ayuda del príncipe númida Naravas llevado allí por su amigo Antígono el 237 a. C.
Después de este triunfo, Amílcar consiguió una enorme popularidad, y sus adversarios no pudieron negarle el puesto de comandante en jefe del ejército ni impedir que se convirtiera en el auténtico dueño de Cartago. Tras el reclutamiento y entrenamiento de un nuevo ejército tras algunas incursiones en Numidia, decidió lanzarse a una expedición sobre Iberia (236 a. C.). Allí esperaba iniciar un nuevo imperio que compensara a Cartago de la pérdida de Sicilia, Cerdeña y Córcega a manos de los romanos, y para establecer una base en su campaña de represalia contra éstos desde el propio territorio europeo, al no poder disponer ya de flota propia, desmantelada tras la firma de la paz.
A lo largo de ocho años de luchas y diplomacia, llegó a dominar un amplio territorio en Iberia, rico en recursos mineros, y a dirigir un ejército compuesto principalmente por belicosos y bien preparados iberos.
Su prematura muerte sucedió en el invierno de 229-228 a. C., durante el asedio de Héliké, ciudad cuyo emplazamiento hoy por hoy es desconocido, habiéndose especulado con Elche de la Sierra, la actual Elche, o algún punto de la actual Oretania, entre otros. Le sucedió al mando del ejército cartaginés su yerno Asdrúbal.
Amílcar superó a todos los cartagineses de su época tanto en capacidad militar y diplomacia como en patriotismo. Sólo llegaría a ser superado en todas estas virtudes por su hijo Aníbal al que se dice que educó en el odio hacia Roma y al que formó para que llegara a ser su sucesor.
Amílcar Barca fundó la actual Barcelona y algunos pueblos como Puig-reig o Serrateix, en Cataluña.
Se distinguió durante la Primera Guerra Púnica en 247 a. C., cuando aseguró el dominio de Sicilia, que hasta entonces había estado siempre en manos de Roma. Desembarcó por sorpresa al noroeste de la isla, con una pequeña tropa de mercenarios y se hizo fuerte en el monte Heirktê (Monte Pellegrino, cerca de Palermo). No sólo mantuvo la posición ante todos los ataques, sino que llevó sus incursiones hasta la costa del sur de Italia.
En 244 a. C. trasladó a su ejército a una posición similar en las laderas del monte Eryx (Monte San Giuliano), desde donde podía apoyar a las guarniciones asediadas en la vecina ciudad de Drépano (Trapani). Tras la derrota cartaginesa en las islas Egadas en 241 a. C., la fuerza invicta de Amílcar pudo salir de Sicilia sin someterse.
Esta derrota, que se imputó a los generales aristócratas cartagineses, provocó un gran descontento; en especial entre los mercenarios que deseaban cobrar su paga, aunque también entre los campesinos libios y entre aquellos ciudadanos a los que la crisis marina afectaba de modo directo. Ello ocasionó la rebelión de los mercenarios, que inspiraría siglos más tarde al novelista francés Gustave Flaubert como tema central de su novela Salambó.
Los mercenarios, esclavos fugitivos y campesinos empobrecidos, dirigidos por el líder libio Matho, el galo Autarito y el esclavo campano Spendios, asediaron Cartago y se apoderaron de algunas otras ciudades como Útica y Bizerta. Amílcar consiguió sacar sus barcos del puerto y, con una campaña de hostigamiento, condujo a los rebeldes hasta un valle desierto (el desfiladero de Scia), en donde los exterminó con la ayuda del príncipe númida Naravas llevado allí por su amigo Antígono el 237 a. C.
Después de este triunfo, Amílcar consiguió una enorme popularidad, y sus adversarios no pudieron negarle el puesto de comandante en jefe del ejército ni impedir que se convirtiera en el auténtico dueño de Cartago. Tras el reclutamiento y entrenamiento de un nuevo ejército tras algunas incursiones en Numidia, decidió lanzarse a una expedición sobre Iberia (236 a. C.). Allí esperaba iniciar un nuevo imperio que compensara a Cartago de la pérdida de Sicilia, Cerdeña y Córcega a manos de los romanos, y para establecer una base en su campaña de represalia contra éstos desde el propio territorio europeo, al no poder disponer ya de flota propia, desmantelada tras la firma de la paz.
A lo largo de ocho años de luchas y diplomacia, llegó a dominar un amplio territorio en Iberia, rico en recursos mineros, y a dirigir un ejército compuesto principalmente por belicosos y bien preparados iberos.
Su prematura muerte sucedió en el invierno de 229-228 a. C., durante el asedio de Héliké, ciudad cuyo emplazamiento hoy por hoy es desconocido, habiéndose especulado con Elche de la Sierra, la actual Elche, o algún punto de la actual Oretania, entre otros. Le sucedió al mando del ejército cartaginés su yerno Asdrúbal.
Amílcar superó a todos los cartagineses de su época tanto en capacidad militar y diplomacia como en patriotismo. Sólo llegaría a ser superado en todas estas virtudes por su hijo Aníbal al que se dice que educó en el odio hacia Roma y al que formó para que llegara a ser su sucesor.
Amílcar Barca fundó la actual Barcelona y algunos pueblos como Puig-reig o Serrateix, en Cataluña.
Necio
necio, cia.
(Del lat. nescĭus).
1. adj. Ignorante y que no sabe lo que podía o debía saber. U. t. c. s.
2. adj. Imprudente o falto de razón. U. t. c. s.
3. adj. Terco y porfiado en lo que hace o dice. U. t. c. s.
4. adj. Dicho de una cosa: Ejecutada con ignorancia, imprudencia o presunción.
Me refiero a este adjetivo para describir simplemente lo que me parece la actitud tanto del Presidente del gobierno con la remodelación de gobierno (un nuevo Zapatazo) y las declaraciones del líder de la oposición pidiendo elecciones anticipadas (de ilusión también se vive).
Chaves vendrá a salvar España, esperemos que no la deje como ha dejado Andalucía y si alguien me dice que, parece ser que el masoquismo de los andaluces se nos ha contagiado a todos. Esperemos que con sus vastos conocimientos sobre el Felipismo y la buena gestión nos saque del atolladero.
En cuanto al resto de ministros, puede que lo que más me llame la atención sea el nombramiento de Pepiño Blanco como ministro de fomento. Una vez más hay que ser necio, Pepiño es un perro de presa que defenderá al presidente hasta la saciedad, pero no creo que haga una labor memorable en el ministerio, sin embargo, creo que nos reiremos tanto o más que de Magdalena Álvarez (que triste).
En economía, en mi humilde opinión, creo que el Presidente tenía la oportunidad de realizar un fichaje independiente, algún profesional contrastado, sin perfil político y con algo que aportar para sacarnos del hoyo dónde tanto PP como PSOE nos han metido. Sin embargo ha optado por más de lo mismo.
En fin un gobierno, que en mi opinión es más sectario y menos independiente que el anterior gobierno. Un ejecutivo mucho más politizado, cuando, creo que sería más conveniente dejarse de politiqueos y meterse más a gestionar (a diferéncia de lo que pensará mucha gente).
En cuanto a lo de Rajoy hablando del cambio de capitán, me parece que está en su derecho de realizar esta afirmación, pero a veces se me hace un poco cansino....
En fin espero equivocarme y que las necedades varias no nos lleven a una situación peor.
(Del lat. nescĭus).
1. adj. Ignorante y que no sabe lo que podía o debía saber. U. t. c. s.
2. adj. Imprudente o falto de razón. U. t. c. s.
3. adj. Terco y porfiado en lo que hace o dice. U. t. c. s.
4. adj. Dicho de una cosa: Ejecutada con ignorancia, imprudencia o presunción.
Me refiero a este adjetivo para describir simplemente lo que me parece la actitud tanto del Presidente del gobierno con la remodelación de gobierno (un nuevo Zapatazo) y las declaraciones del líder de la oposición pidiendo elecciones anticipadas (de ilusión también se vive).
Chaves vendrá a salvar España, esperemos que no la deje como ha dejado Andalucía y si alguien me dice que, parece ser que el masoquismo de los andaluces se nos ha contagiado a todos. Esperemos que con sus vastos conocimientos sobre el Felipismo y la buena gestión nos saque del atolladero.
En cuanto al resto de ministros, puede que lo que más me llame la atención sea el nombramiento de Pepiño Blanco como ministro de fomento. Una vez más hay que ser necio, Pepiño es un perro de presa que defenderá al presidente hasta la saciedad, pero no creo que haga una labor memorable en el ministerio, sin embargo, creo que nos reiremos tanto o más que de Magdalena Álvarez (que triste).
En economía, en mi humilde opinión, creo que el Presidente tenía la oportunidad de realizar un fichaje independiente, algún profesional contrastado, sin perfil político y con algo que aportar para sacarnos del hoyo dónde tanto PP como PSOE nos han metido. Sin embargo ha optado por más de lo mismo.
En fin un gobierno, que en mi opinión es más sectario y menos independiente que el anterior gobierno. Un ejecutivo mucho más politizado, cuando, creo que sería más conveniente dejarse de politiqueos y meterse más a gestionar (a diferéncia de lo que pensará mucha gente).
En cuanto a lo de Rajoy hablando del cambio de capitán, me parece que está en su derecho de realizar esta afirmación, pero a veces se me hace un poco cansino....
En fin espero equivocarme y que las necedades varias no nos lleven a una situación peor.
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